Cada texto aquí expuesto será acompañado del nombre de su autor original y el enlace si fuese éste algún compañero bloguero.

martes, 22 de mayo de 2007

POEMA DEL DESENCANTO

Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora
como dos fugitivos de la misma condena.
Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora:
No valías la pena.


Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía.
Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena,
pero acerqué mis labios y la encontré vacía.
No valías la pena.


Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste,
o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena.
Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste:
No valías la pena.


Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho,
y el eslabón amable que es más que una cadena.
Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho:
No valías la pena.


Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto,
sin pensar que eras mala ni creer que eras buena.
Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto,
no valías la pena.


Me queda el desencanto del que enturbió una fuente,
o acaso el desaliento del que sembró en la arena.
Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente:
No valías la pena.


Autor: José Angel Buesa

jueves, 10 de mayo de 2007

En la poesía


Estás entrando en territorio frágil,
debes cuidar tus manos,
tu nariz, tu esqueleto,
sobre todo, los ojos, podrían estallarte.

Estás llegando al nudo que se deshace de repente,
a la blanca paloma que al roce de tus dedos aparece,
a la delicia de encontrar a ciegas lo que otros,
con ojos muy abiertos, nunca encuentran.

Seguramente hoy, esta mañana incierta,
te desplazas, te adentras
sobre el terreno blando y movedizo
por el que yo hace años me deslizo.

Si te sientes al filo ya del vuelo,
si te persigue la melancolía,
si todo te conmueve, si nada te es ajeno
es porque estás entrando en la poesía.



Magaly Quiñones
Poeta Puertorriqueña

Poemario Patio de Fondo

Y me encogí de hombros

Hoy a las dos y treinta de la tarde
el patio de atrás de mi jardín en ruinas
era el paraíso que menciona La Biblia.
No tuve duda dello
al sentir las caricias de la brisa y del sol
sobre mis brazos y espalda.
Los pájaros cantaban en lo alto de los árboles
y las flores lucían sus colores
pavoneándose.
Al acercármeles las lagartijas no huían.
Me miraban más bien estupefactas,
casi desafiantes.
No titubeé en probar la manzana madura
que el Diablo me ofrecía.
Lo vi llegar vestido de cantante de rap:
pantalones a la rodilla y tenis,
gorra con visera hacia atrás.
No tuve miedo.
Era tan dulce su sonrisa y era
tan simpática.
Otras veces lo he odiado.
Le he tirado piedras.
Lo he ensopado con la manguera
y lo he perseguido con la escoba.
Pero hoy un día jueves del mes de mayo
mi patio era un sueño que se imponía al mundo
y los copos de luz cubrían las hojas;
los muros derruídos
quedaban traspasados por sus rayos
infinitamente frágiles.

Miré al diablo y no quise
agredirlo de nuevo.
Acepté la manzana, que era roja
igual que nos la ilustran los pintores
del Renacimiento europeo.
La probé y era suave
y tuve pena
del Diablo y su destino.
Todo lo que él quería que yo hiciera
me parecía aburrido.
Nada podía comparárse a la luz y a la brisa
entretejidas sobre mi piel,
hoy a las dos y treinta de la tarde
en mi jardín cerrado entre muros antiguos.
Lo miré tristemente y me encogí de hombros
y él se fue maldiciendo calle abajo
con el rabo metido entre las patas.

Olga Nolla - Puerto Rico

jueves, 3 de mayo de 2007

Le he escrito a tu nombre

Le he escrito a tu nombre
sin nadie saberlo.
Le escribo a tu recuerdo,
sin nombrarlo en mis silencios,
ningún dolor (amor) dura para siempre,
por eso al escribirte
le escribo al que vino y al que vendrá.
Nadie es el mismo,
pero todos son iguales.
Si vivo o muero,
no lo escojo, sólo me entrego.
Nade es sombra
y todos son espejos.

Le escribo a tu nombre...
sin tu saberlo,
como Buesa escribió a la mujer que siempre amó
y como quiera abandonó,
te escribo sin regreso.
Ninguno lo sabe,
pero todos se encuentran en mis versos.
Tu nombre era el amor
en mi diccionario,
pero éste ahora sólo tiene páginas en blanco.
Por eso cuando escribo del dolor
o de la alegría, del desasosiego o la esperanza,
tu nombre siempre resuena en ellos.

Ahora eres todos mis sentidos...
ya lejos y sin destino unido,
estás aquí, al lado mío,
en mis palabras, en mi delirio...
Y te escribo, sin nombrarte,
pero siempre apareces escrito.
Tú que de un tirón me borraste,
yo que no puedo dejar de nombrarte.
Pero así es el olvido.
Silencioso y aburrido.

Rosayma López Ramírez